¿Qué es el color en los objetos?

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En realidad, los objetos no tienen color propio. Más bien, absorben ciertas longitudes de onda de la luz que los ilumina y reflejan otras. El color que percibimos es precisamente la luz reflejada que llega a nuestros ojos, interpretada luego por nuestro cerebro. Por lo tanto, el color es una percepción, no una característica intrínseca del objeto.

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El espejismo cromático: ¿De dónde viene el color de las cosas?

A menudo damos por sentado el vibrante tapiz de colores que nos rodea, desde el verde intenso de un bosque hasta el azul profundo del océano. Nos referimos al color de una manzana, de un coche o de una flor como si fuera una propiedad inherente a ellos, como su forma o su tamaño. Sin embargo, esta percepción es una ilusión, un fascinante truco de la luz y nuestra propia biología. Los objetos, en realidad, no poseen color propio. Lo que percibimos como color es el resultado de una compleja interacción entre la luz, la materia y nuestra percepción.

Imaginemos un rayo de luz blanca, como la del sol, impactando sobre una fresa madura. Esta luz blanca, aparentemente homogénea, está compuesta por un espectro de diferentes longitudes de onda, cada una correspondiente a un color diferente. La superficie de la fresa absorbe la mayoría de estas longitudes de onda, especialmente aquellas que corresponden al azul y al verde. Sin embargo, las longitudes de onda correspondientes al rojo no son absorbidas, sino reflejadas. Estas ondas reflejadas viajan hasta nuestros ojos, donde son captadas por células especializadas llamadas conos y bastones. Esta información lumínica es entonces transmitida al cerebro, que la interpreta como el color rojo.

Por lo tanto, el color que vemos no es una propiedad intrínseca de la fresa, sino la luz que rechaza, la que no absorbe. Si ilumináramos la misma fresa con una luz monocromática, por ejemplo, azul, la percibiríamos de un color muy diferente, posiblemente negra o de un azul muy oscuro, ya que no habría luz roja para reflejar. Esto demuestra que el color es una percepción, una interpretación subjetiva de nuestro cerebro basada en la luz reflejada, y no una cualidad inherente al objeto.

Este fenómeno se aplica a todo lo que vemos. Una hoja verde absorbe todas las longitudes de onda excepto la del verde, que es reflejada. Un plátano amarillo absorbe todas las longitudes de onda excepto la del amarillo. Incluso los objetos que percibimos como negros absorben la mayoría de las longitudes de onda del espectro visible, mientras que los blancos reflejan la mayoría.

Entender que el color es una interacción, una danza entre la luz y la materia interpretada por nuestro cerebro, nos permite apreciar la complejidad y la belleza del mundo que nos rodea desde una perspectiva nueva y fascinante. El color, ese espejismo cromático, deja de ser una propiedad estática para convertirse en una experiencia dinámica y relativa, dependiente de la luz y de nuestra propia capacidad de percibirla.